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TERESA DE
JESÚS
POESIAS
I. POESÍAS LÍRICO‑MÍSTICAS
1. VIVO SIN VIVIR EN MÍ
2. SOBRE AQUELLAS PALABRAS
*DILECTUS
MEUS MIHI+
3. ¡OH HERMOSURA QUE EXCEDÉIS!
4. BÚSCATE EN MÍ
5. VUESTRA SOY, PARA VOS
NACÍ
6. PARA PEDIR PACIENCIA EN
LAS ADVERSIDADES
7. LOA A LA CRUZ
REDENTORA
8. A LA EXALTACIÓN DE LA
CRUZ
9. COLOQUIO DE AMOR
10. AYES DEL DESTIERRO
1.
VIVO SIN VIVIR EN MÍ
Vivo sin vivir en
mí,
y tan alta vida
espero,
que muero porque no
muero [1].
GLOSA
Vivo ya fuera de mí,
después que muero de
amor,
porque vivo en el
Señor,
que me quiso para sí.
Cuando el corazón le
di
puso en él este
letrero:
Que muero porque no
muero.
Aquesta divina unión
[2]
del amor en que yo
vivo,
ha hecho a Dios mi
cautivo
y libre mi corazón.
Y causa en mí tal
pasión
ver a Dios mi
prisionero,
que muero porque no
muero.
(Ay, qué larga es esta
vida!,
(qué duros estos
destierros,
esta cárcel, estos
hierros,
en que el alma está
metida!
Sólo esperar la salida
me causa dolor tan
fiero,
que muero porque no
muero.
(Ay,
qué vida tan amarga,
do no
se goza al Señor!,
porque,
si es dulce el amor,
no lo
es la esperanza larga.
Quíteme
Dios esta carga,
más
pesada que el acero,
que
muero porque no muero.
Sólo
con la confianza
vivo de
que he de morir,
porque,
muriendo, el vivir
me
asegura mi esperanza.
Muerte,
do el vivir se alcanza,
no te
tardes, que te espero,
que
muero porque no muero
.
Mira
que el amor es fuerte:
vida,
no me seas molesta;
mira
que sólo te resta,
para
ganarte, perderte.
Venga
ya la dulce muerte,
venga
el morir muy ligero,
que
muero porque no muero.
Aquella vida de arriba,
que es
la vida verdadera,
hasta
que esta vida muera,
no se
goza estando viva.
Muerte,
no me seas esquiva;
viva
muriendo primero,
que
muero porque no muero.
Vida,
)qué
puedo yo darle
a mi
Dios, que vive en mí,
si no
es perderte a ti,
para
mejor a él gozarle?
Quiero
muriendo alcanzarle,
pues a
él solo es al que quiero:
Que
muero porque no muero
.

2.
SOBRE AQUELLAS PALABRAS
*DILECTUS MEUS MIHI+
Ya
toda me entregué y di,
y de
tal suerte he trocado,
que es
mi Amado para mí,
y yo
soy para mi Amado.
Cuando el dulce Cazador
me tiró
y dejó rendida
en los
brazos del amor,
mi alma
quedó caída.
Y
cobrando nueva vida,
de tal
manera he trocado,
que es
mi Amado para mí,
y yo
soy para mi Amado.
Tiróme con una flecha
enherbolada de amor,
y mi
alma quedó hecha
una con
su Criador.
Yo ya
no quiero otro amor,
pues a
mi Dios me he entregado,
y mi
Amado es para mí,
y yo
soy para mi Amado
.

3. ¡OH HERMOSURA QUE EXCEDÉIS!
¡Oh
hermosura que excedéis
a todas
las hermosuras!
Sin
herir, dolor hacéis,
y sin
dolor, deshacéis
el amor
de las criaturas.
¡Oh
ñudo que así juntáis
dos
cosas tan desiguales,
no sé
por qué os desatáis,
pues
atado fuerza dais
a tener
por bien los males!
Quien no tiene ser juntáis
con el
Ser que no se acaba;
sin
acabar acabáis,
sin
tener que amar amáis
engrandecéis vuestra nada.

4. BÚSCATE EN MÍ
Alma,
buscarte has en mí,
y a mí
buscarte has en ti.
De
tal suerte pudo amor,
alma,
en mí te retratar,
que
ningún sabio pintor
supiera
con tal primor
tal
imagen estampar.
Fuiste por amor criada
hermosa, bella y así
en mis
entrañas pintada;
si te
perdieres, mi amada,
alma,
buscarte has en mí.
Que
yo sé que te hallarás
en mi
pecho retratada,
que si
te ves, te holgarás,
viéndote tan bien pintada.
Y si
acaso no supieres
dónde
me hallarás a mí,
no
andes de aquí para allí.
Si no,
si hallarme quisieres,
a mí
buscarme has en ti.
Porque tú eres mi aposento,
eres mi
casa y morada,
y así
llamo en cualquier tiempo,
si
hallo en tu pensamiento
estar
la puerta cerrada.
Fuera
de ti no hay buscarme,
porque
para hallarme a mí
bastará
sólo llamarme;
que a
ti iré sin tardarme,
y a mí
buscarme has en ti.

5. VUESTRA SOY, PARA VOS
NACÍ
Vuestra soy, para vos nací:
¿qué
mandáis hacer de mí?
Soberana Majestad,
eterna
Sabiduría,
Bondad
buena al alma mía;
Dios,
Alteza, un Ser, Bondad:
la gran
vileza mirad
,
que hoy
os canta amor así:
¿qué
mandáis hacer de mí?
Vuestra soy, pues me criastes,
vuestra, pues me redimistes
vuestra, pues que me sufristes,
vuestra, pues que me llamastes.
Vuestra, porque me esperastes,
vuestra, pues no me perdí:
¿que
mandáis hacer de mí?
¿Qué
mandáis, pues, buen Señor,
que
haga tan vil criado?
¿Cuál
oficio le habéis dado
a este
esclavo pecador?
Veisme
aquí, mi dulce amor,
amor
dulce, veisme aquí:
¿qué
mandáis hacer de mí?
Veis
aquí mi corazón,
yo le
pongo en vuestra palma:
mi
cuerpo, mi vida y alma,
mis
entrañas y afición.
Dulce
Esposo y Redención
,
pues
por vuestra me ofrecí:
¿qué
mandáis hacer de mí?
Dadme
muerte, dadme vida;
dad
salud o enfermedad,
honra o
deshonra me dad;
dadme
guerra o paz crecida,
flaqueza o fuerza cumplida,
que a
todo digo que sí:
¿qué
queréis hacer de mí?
Dadme
riqueza o pobreza,
dad
consuelo o desconsuelo,
dadme
alegría o tristeza,
dadme
infierno o dadme cielo,
vida
dulce, sol sin velo:
pues
del todo me rendí,
¿qué
mandáis hacer de mí?
Si
queréis, dadme oración;
si no,
dadme sequedad,
si
abundancia y devoción,
y si no
esterilidad.
Soberana Majestad,
sólo
hallo paz aquí:
¿qué
mandáis hacer de mí?
Dadme, pues, sabiduría,
o, por
amor, ignorancia;
dadme
años de abundancia,
o de
hambre y carestía.
Dad
tiniebla o claro día,
revolvedme aquí y allí:
¿qué
mandáis hacer de mí?
Si
queréis que esté holgando
quiero
por amor holgar;
si me
mandáis trabajar,
morir
quiero trabajando:
decid
dónde, cómo y cuándo,
decid
dulce Amor, decid:
¿qué
mandáis hacer de mí?
Dadme Calvario o Tabor,
desierto o tierra abundosa;
sea Job
en el dolor,
o Juan
que al pecho reposa;
sea
viña fructuosa,
o
estéril, si cumple así:
¿qué
mandáis hacer de mí?
Sea
José puesto en cadena,
o de
Egipto adelantado,
o David
sufriendo pena,
o ya
David encumbrado.
Sea
Jonás anegado,
o
libertado de allí:
¿qué
mandáis hacer de mí?
Haga
fruto o no lo haga,
esté
callando o hablando,
muéstreme la ley mi llaga,
goce de
Evangelio blando;
esté
penando o gozando,
sólo
vos en mí vivid.
¿Qué
mandáis hacer de mí?
Vuestra
soy, para vos nací:
¿Qué
mandáis hacer de mí?

6. PARA PEDIR PACIENCIA EN
LAS ADVERSIDADES
Nada te turbe,
nada te espante;
todo se pasa,
Dios no se muda.
La
paciencia
todo lo alcanza.
Quien a Dios tiene
nada le falta.
Sólo Dios basta.
7.
LOA A LA CRUZ REDENTORA
Cruz,
descanso de mi vida:
vos
seáis la bien venida.
(Oh
bandera, en cuyo amparo
el más
flaco será fuerte!
(Oh
vida de nuestra muerte!,
(qué
bien la has resucitado!
Al león
has amansado,
pues
por ti perdió la vida:
vos
seáis la bien venida.
Quien
no os ama, está cautivo
y ajeno
de libertad;
quien a
vos quiere allegar
no
tendrá en nada desvío.
(Oh
dichoso poderío,
donde
el mal no halla cabida!:
vos
seáis la bien venida.
Vos
fuistes la libertad
de
nuestro gran cautiverio;
por vos
se reparó el mal
con tan
costoso remedio.
Para
con Dios fuiste medio
de
alegría conseguida:
vos
seáis la bien venida.

8. A LA EXALTACIÓN DE LA
CRUZ
En la
cruz está la vida
y el
consuelo,
y ella
sola es el camino
para
el cielo.
En la
cruz está el Señor
de
cielo y tierra,
y el
gozar de mucha paz,
aunque haya guerra.
Todos
los males destierra
en
este suelo:
y
ella sola es el camino
para
el cielo.
De la
cruz dice la esposa
a su
Querido,
que es
una palma preciosa
donde ha subido.
Y su
fruto le ha sabido
a
Dios del cielo:
y ella
sola es el camino
para
el cielo.
Es una
oliva preciosa
la
santa cruz,
que con
su aceite nos unta
y
nos da luz.
Alma
mía, toma la cruz
con
gran consuelo:
que
ella sola es el camino
para
el cielo.
Es la
cruz el árbol verde
y
deseado
de la
esposa, que a su sombra
se
ha sentado
para
gozar de su Amado,
el
Rey del cielo:
y ella
sola es el camino
para
el cielo.
El alma
que a Dios está
toda
rendida,
y muy
de veras del mundo
desasida,
la cruz
le es
*Árbol
de Vida+
y de
consuelo:
y un
camino deleitoso
para
el cielo.
Después
que se puso en cruz
el
Salvador,
en la
cruz está la gloria,
y el
honor;
y en el
padecer dolor,
vida
y consuelo,
y el
camino más seguro
para el cielo
.

9. COLOQUIO DE AMOR
Si el amor que me
tenéis,
Dios mío, es como el
que os tengo;
decidme: ¿en qué me
detengo?
o vos, ¿en qué os
detenéis?
Alma, ¿qué quieres de
mí?
Dios mío, no más que
verte.
¿Y qué temes más de
ti?
Lo que más temo es
perderte.
Un
alma en Dios escondida,
¿qué
tiene que desear,
sino amar y más amar,
y, en amor toda
encendida,
tornarte de nuevo a
amar?
Un amor que ocupe os
pido,
Dios mío, mi alma [y]
os tenga,
para hacer un dulce
nido,
adonde más la
convenga.

10. AYES DEL DESTIERRO
(Cuán triste es,
Dios mío,
la vida sin ti!
Ansiosa de verte,
deseo morir.
Carrera muy larga
es la de este suelo;
morada penosa,
muy duro destierro.
¡Oh Dueño adorado,
sácame de aquí!
Ansiosa de verte,
deseo morir.
Lúgubre es la vida,
amarga en extremo:
que no vive el alma
que
está de ti lejos.
¡Oh
dulce bien mío,
que soy
infeliz!
Ansiosa
de verte,
deseo
morir.
¡Oh
muerte, benigna
socorre
mis penas!
Tus
golpes son dulces,
que al
alma libertan.
¡Qué
dicha, mi Amado,
estar
junto a ti!
Ansiosa
de verte,
deseo
morir.
El
amor mundano
apega a
esta vida;
el amor
divino
por la
otra suspira.
Sin ti,
Dios eterno,
¿quién
puede vivir?
Ansiosa
de verte,
deseo
morir.
La
vida terrena
es
continuo duelo;
vida
verdadera,
la hay
sólo en el cielo.
Permite, Dios mío,
que
viva yo allí.
Ansiosa
de verte,
deseo
morir.
¿Quién
es el que teme
la
muerte del cuerpo,
si con
ella logra
un
placer inmenso?
(Oh,
sí: el de amarte,
Dios
mío, sin fin!
Ansiosa
de verte,
deseo
morir.
Mi
alma afligida
gime y
desfallece.
(Ay!,
)quién
de su amado
puede
estar ausente?
Acabe
ya, acabe,
aqueste
sufrir.
Ansiosa
de verte,
deseo
morir.
El
barbo cogido
en
doloso anzuelo
encuentra en la muerte
el fin
del tormento.
(Ay!,
también yo sufro,
bien
mío, sin ti.
Ansiosa
de verte,
deseo
morir.
En
vano mi alma
te
busca,
(oh
mi Dueño!
Tú,
siempre invisible,
no
alivias su anhelo.
(Ay!,
esto la inflama,
hasta
prorrumpir:
Ansiosa
de verte,
deseo
morir.
(Ay!,
cuando te dignas
entrar
en mi pecho,
Dios
mío, al instante
el
perderte temo.
Tal
pena me aflige,
que me
hace decir:
Ansiosa
de verte,
deseo
morir.
Haz,
Señor, que acabe
tan
larga agonía.
Socorre
a tu sierva,
que por
ti suspira.
Rompe
aquestos hierros,
y sea
feliz:
Ansiosa
de verte,
deseo
morir.
Mas
no, Dueño amado:
que es
justo padezca:
que
espíe mis yerros,
mis
culpas inmensas.
(Ay!,
logren mis lágrimas
te
dignes [me] oír:
Que
ansiosa de verte,
deseo
morir
.

Parece una expresión poética, al hilo de lo que escribió en Vida
20 y 21 sobre su estado espiritual.
Así el Ms. 525 de la Biblioteca Provincial de Toledo (fol. 78r).
Otros códices y ediciones ponen
*aquesta
divina prisión.+
Nos parece mejor la lectura del ms. 525.
V. GARCÍA DE LA CONCHA-ANA M0
ÁLVAREZ PELLITERO,
Libro de romances y coplas del carmelo de Valladolid,
Salamanca, 1982. En este interesante y antiguo códice de Valladolid
aparecen numerosas poesías de santa Teresa con no pequeñas
variantes, respecto a otros códices conocidos.
El Ms. 525, antes citado, omite esta estrofa.
Así los códices y ediciones en general. El Ms. 525 y la edición de
Silverio ponen: Vida,
)qué
puedo yo darte?
Esta composición, muy difundida y multiplicada en copias, presenta
bastantes variantes, pero todas de poca importancia.
Poesía, como la anterior, muy difundida y multiplicada en copias,
que presentan bastantes variantes, pero todas de poca importancia.
Santa Teresa, en carta a su hermano Lorenzo, 2 de enero de 1577,
núm. 36, parece entender esta composición como un villancico; pero
puede incluirse entre sus poesías líricas.
Algunos códices ponen: Juntáis quien no tiene ser, y así lo
escribe la Santa en la carta a su hermano Lorenzo, antes citada;
pero se ve que es un desliz material y que la poesía exige otra
construcción.
En algún códice se lee:
)Qué
mandáis, mi Dios, de mí?
Algunos autores, en ensayos teológicos o espirituales, transcriben
este poema, o algunas de sus estrofas y modifican este verso en la
forma que lleva el último de la estrofa 50:
)qué
queréis hacer de mí?
Así en códices y ediciones; aunque en alguno se lee: mirad la
suma vileza. Mas no se observa la rima.
En varios códices: Dulce Esposo y Redentor, que no guarda
bien la rima.
Algunos códices omiten esta estrofa, pero parece auténtica y tal vez
añadida en alguna ocasión por la Santa, como observa el P. Custodio
Vega, o.c.
Algún códice, en lugar de holgando, pone en descanso;
pero el cambio no es correcto.
Algunos códices comienzan el verso:
(Oh
cruz... El códice de Valladolid
ofrece importantes variantes sobre esta poesía, empezando por el
estribillo:(Oh
cruz, descanso sabroso / de mi vida, / vos seáis muy bien venida.
Cfr. Libro de romances y coplas..., p. 157.
Estrofas compuestas en Soria por la madre Teresa para cantar el 14
de septiembre de 1581. Así lo advierten los editores.
No se conoce ninguna copia antigua de esta poesía. La más remota
data del siglo XVIII. La dan como auténtica el P. Custodio Vega y la
mayor parte de los editores. Este metro no es usual en la Santa. No
obstante, la incluimos aquí, fiados en autoridades externas y en
pruebas de carácter histórico.
Francisco Herrero y Bayona, canónigo de Valladolid, que concursó en
el certamen nacional científico y literario con ocasión del III
Centenario de la muerte de santa Teresa (1882) con un valioso
trabajo, analiza la autenticidad teresiana de este poema (cfr.
F. HERRERO Y BAYONA,
Relación inédita, con curiosas e interesantes noticias de la Vida de
Santa Teresa de Jesús... Valladolid, 1884, pp. 1-69; Versos
compuestos por Santa Teresa de Jesús, que no se hallan en ninguna de
las ediciones de las Obras de la Santa (pp. 70-73).Habla este
autor de la existencia de un texto original, reproducido en
fotolitografía, y de una edición en Barcelona, en 1856. Transcribe
el poema, e introduce entre las estrofas 60
y 70
una nueva estrofa, que no aparece en otras ediciones, que comienza:
La muerte del cuerpo... (p. 72).
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