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HERMANDAD DE
SANTA TERESA DE JESUS
LA
FUNDACIÓN DE LA HERMANDAD DE SANTA TERESA
(Texto
anónimo conservado en la Secretaría)
No hace mucho tiempo que obra en poder de esta Hermandad
Teresiana un curiosísimo libro, que trata de la constitución de la
Hermandad de Santa Teresa de Jesús, de quien partió esta idea, y donde tuvo
lugar la fundación de esta asociación.
En los archivos de esta Hermandad de Santa Teresa de
Jesús no hay otros datos más, que desde los últimos años del siglo XIX, (año
de 1886) pues en el libro de actas figura en primer lugar la Junta celebrada
el día 27 de Agosto de 1887 firmada por su Presidente que lo era D.
Patricio Pereña, párroco de la villa de Alba, siendo Obispo de Salamanca el
inolvidable prelado Fray Tomás de la Cámara.
Al parecer y según describe este ejemplar adquirido,
venía fomentándose el entusiasmo y la devoción a Teresa de Jesús,
desde otros tiempos más remotos, pero culminaron estos entusiasmos con un
sacerdote nacido en Vinebra (Tarragona) el 15 de Octubre de 1840,
llamado D. Enrique de Osó y Cervelló, que era profesor del Seminario de
Tortosa y canónigo después.
Hombre puramente teresiano, quizás por la coincidencia
sublime de nacer en fecha teresiana, pero demostró su devoción tal a la
Santa fundadora, que terminó creando la Compañía de Teresa de Jesús
En un retiro que tuvo lugar en el año de 1873, a pasar
los habituales ejercicios en el Desierto de Benicasín de las Palmas, la
Santa le ilumino, inspirándose en crear la Archicofradía de la Hermandad
Teresiana, llegado a su residencia de Tortosa. D. Enrique de Osó, organizó
unas fiestas en la ciudad en honor de la gran Santa fundadora, predicó el
Sr. Obispo de la Diócesis, y en una ardorosa alocución dirigida al pueblo de
Tortosa, se desborda de júbilo y entusiasmo teresiano, que después de las
brillantes fiestas celebradas en honor de la Santa de Ávila, quedó
constituida la primera asociación teresiana en la capital de Tortosa.
Es muy copioso en acontecimientos teresianos cuanto en el
citado libro refiere acerca de la vida y el fervor que sentía D. Enrique de
Osó por Santa Teresa de Jesús, es imposible describir en estas breves
crónicas que todos los años se publican en los programas de las fiestas
teresianas, el arraigado teresianismo de este sacerdote, que propagó el
nombre de Teresa de Jesús y extendió la devoción no sólo por España sino
por el mundo entero.
D. Enrique de Osó, en distintas ocasiones hizo viajes a
Alba de Tormes y Ávila, visitando su sepulcro y su cuna, organizando
peregrinaciones, a las que é1 mismo predicaba ante el sepulcro de la Santa,
llegó el año de 1876, las actividades de D. Enrique de Osó llegaron a
tal extremo, que valiéndose de casi todos los prelados de España, y ya
organizadas en la inmensa mayoría de las capitales españolas las cofradías
Teresianas, organizó una peregrinación a Alba de Tormes de 4.000 personas,
en aquellos tiempos, que viajar en
ferrocarril
hasta Salamanca, se hacía con verdadero sacrificio.
Cataluña, Valencia y Aragón, volcaron todo el entusiasmo
teresiano jamás conocido, (así lo describe el libro) los tres días que se
celebran las fiestas de la Transverberación de Santa Teresa de Jesús fueron
para Alba Tormes, de gloria inenarrable, aquel año de 1876, y el día 27 de
Agosto quedó constituida la Hermandad de Santa Teresa de Jesús en Alba de
Tormes esta gran peregrinación la presidía el entonces obispo de Oviedo,
después Cardenal de Sevilla, Dr. Sanz y Forés.
En esta peregrinación acompañaban a D. Enrique de Osé,
además del
prelado de
Oviedo, los Obispos de Ávila Dr. Carrascosa, el de Euemia (Baja
California) Dr.
D. Fernando Blanco y el de Salamanca, el malogrado también Obispo D.
Narciso Martínez Izquierdo, los cuatro prelados predicaron tres días de las
fiestas de la Transverberación de aquel año memorable de 1876.
D. Enrique de Osó, una vez terminadas las fiestas en
Alba, se reunió después con el Sr. Obispo de Salamanca Sr.
Izquierdo y en conversaciones celebradas en Alba con el prelado salmantino,
establecieron las bases para lo que había de ser la Hermandad Teresiana
Universal.
Es evidente, que serían maravillosos los pensamientos de
este sacerdote que unidos a los del prelado salmantino Martínez Izquierdo y
al sucesor de éste Fray Tomás de la Cámara, ilustres prelados teresianos,
capaces de levantar los corazones de los católicos del mundo entero, para
así aumentar y llevar la devoción de Teresa de Jesús a todos los hogares del
orbe católico y levantar templos y catedrales en su honor.
Así hacía años que venía trabajando D Enrique de Osó por
dar a conocer el perfume de sus flores, Ávila, Alba de Tormes... cuna
y sepulcro. ¡Sí, era él, quien le había invitado para recorrer juntos los
montes y llanuras de España!. Cinco días pasó D. Enrique en compañía de un
amigo en Alba de Tormes, sin duda para afirmar su devoción a la Santa
enamorada de Cristo y sin duda también para buscar junto a ella orientación
y luz a sus futuros planes.
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