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CONVENTO
“SAN JUAN DE LA CRUZ”
DE LOS
PADRES CARMELITAS DESCALZOS DE ALBA DE TORMES
La historia de este convento de Alba es muy desconocida y
a la par muy interesante por los especializados.
Hay en la Villa un complejo teresiano-sanjuanista de sumo
interés: La parroquia de San Pedro, el Castillo, las Madres y el convento de
San Juan de la Cruz, que fue el primero dedicado al Santo Doctor y Poeta.
Los cuatro tan unidos en su nacimiento e historia, que no pueden separarse
ni comprenderse de por sí solos.
Mientras la Reforma estaba entre mantillas y al calor de
la Madre Teresa, todo fue paz y dulzura. Al comenzar, a crecer y
multiplicarse los conventos, vino la prueba de fuego y dificultades de toda
clase.
Comienzan los choques entre las distintas maneras de
pensar de los antiguos hermanos Calzados. La Santa Madre ha fundado ya siete
conventos y se prepara para el octavo en Alba de Tormes. Complicaciones en
Medina la obligan a salir vergonzosamente y de noche en el burro del
aguador. Antes de volver a Ávila pasa por Mancera y comunica al P. Juan de
la Cruz el comienzo de las dificultades que se avecinan, y le invita a
asistir a la próxima fundación de la Villa Ducal.
La Santa, en su prudencia divina, procura irse buscando
amigos y protectores entre la nobleza. En Alba tiene casada a su hermana
Juana, tan querida, y la ha visitado varias veces. De ella y de su esposo
Juan de Ovalle se valió para la fundación del primer convento de San José.
La proximidad del Castillo ducal la pusieron en contacto
con sus señores, y la simpatía de la Santa la hizo amiga de sus Excelencias,
dueños del estado ducal y donde tendría más adelante su sobrino Gonzalo como
paje.
De allí salieron grandes limosnas, copias de los
manuscritos teresianos e incluso una trucha, que la Madre enviaría a un
consejero suyo de la Salamanca universitaria. Pero sobre todo las
influencias en la Corte de Felipe II. En una de las visitas al Castillo, la
Duquesa la enseña su camarín de curiosidades traídas de las naciones donde
el Duque ha luchado y ha gobernado en nombre del Rey de España. Joyas y
vidrios, piezas de cerámica. La Santa, como buena abeja, saca el polen
espiritual que convertido en sabrosa miel nos lo da a gustar en el Cap. VI
de su Castillo Interior.
Del Castillo salió primeramente el permiso para la
fundación teresiana, que hace el tesorero ducal Francisco Velázquez. En la
procesión fundacional acompaña a la Santa el Gobierno de sus Excelencias, el
Cabildo de Párrocos de las nueve Parroquias, las Autoridades Municipales y
las Órdenes Religiosas, Jerónimos y Franciscanos.
El P. Juan de la Cruz, invitado excepcional por la Santa,
con su capa blanca de Descalzo hace su entrada oficial en la Villa,
acompañando a la Madre y a sus monjas, a las que servirá como primer
capellán, confesor y consejero durante quince días.
Lo más natural fue que la santa le hospedase en la casa
de sus hermanos. Está tan cercana al nuevo convento que tuvieron pequeños
pleitos con los desagües en los días de lluvia. La calle de la Colada entre
San Pedro y el convento actual fue asumida por las monjas por concesión del
Ayuntamiento.
El 25 de enero de 1571 fue santificado con la procesión
fundacional el pequeño complejo de San Pedro y las Madres, que tantas veces
había pisado la Santa durante el mes de preparación al ir y venir de la
Parroquia para confesar, comulgar y oír la Santa Misa. También en sus
subidas al Castillo.
La herencia de los sobrinos de la Madre Gonzalo y Beatriz
pasó íntegra a la Comunidad al ser su sobrina monja en las Madres y heredera
universal de su hermano.
De este modo tan natural las Carmelitas pudieron más
tarde disponer de la casa de Juana de Ahumada, posada obligada de la Santa y
de San Juan de la Cruz para hacer el convento de los Padres, prolongadores
eternos de los quince días de su primer capellán y confesor. No en vano
lleva como titular al Santo y mi estatua preside la fachada vigilando o
protegiendo la placita por donde pasa la infinidad de peregrinos teresianos.
Todo fue cariño en el trato de la Santa y los Duques, y
sabido es de todos que la Madre vino a morir a Alba a instancias de
la Duquesa, haciendo realidad la profecía que narra la Madre María de S.
Francisco y publica la Biblioteca Mística Carmelitana tomo II, pág. 242.
Tanto el P. Antoio de Jesús como el P. Gracián estuvieron muy unidos al
Castillo antes y después de la muerte de Santa Teresa, por no citar otros
muchos.
El Pleito sobre la posesión del cuerpo de la Santa enfrió
estas relaciones amistosas hasta que el P. General Elías de 5. Martín, en
nombre de la Orden renunció los posibles derechos en favor de los Duques.
(Vide B.M.C. t. II).
Esto trajo la paz, pero quedó la desconfianza que
frenaba los entusiasmos del Castillo que tenía que dar a la Orden el
permiso y terreno suficientes para la fundación de los Padres tan deseada de
todos. La insistencia de las Madres no dejó enfriar estos deseos hasta el
Definitorio de Valladolid en el mes de Enero de 1676, y a instancias de la
Priora M. Beatriz de Jesús dio licencia para fundar un Hospicio secular,
esperando que pronto pasaría a ser convento. Mientras tanto debían conceder
la cantidad que los religiosos asignasen para su sustento. Daban el término
de seis años como prueba.
Las monjas no se conformaron y siguen pidiendo una
verdadera y numerosa Comunidad de Padres. Eran el enlace entre el Castillo y
la Orden.
El 12 de Abril de 1676 daba a el Duque licencia para la
fundación sin necesidad de que la Villa diera otro permiso y la Iglesia de
Sta. María que estaba junto a su palacio con la Armería y Plazuela del
Castillo. La Orden no la aceptó por la carencia absoluta de agua. Fue
providencial, según las crónicas, este retraso. El 16 de Abril del mismo año
1676, el P. Esteban de 5. José daba orden al Provincial de Castilla Fr.
Manuel de Jesús para que tomase posesión del Hospicio en el lugar que
creyese más prudente. Las Madres ofrecieron las casas que tenían para los
huéspedes, las heredadas
de la hermana de la Santa tan cercanas. Era lo más
natural. Allí en otros tiempos había vivido 5. Juan de la Cruz y se
hospedaron los grandes amigos y consejeros de la Madre atendidos por los
Ovalle y Ahumada.
La Provincia no se contentaba con tener en tan santo
lugar sólo Hospicio y un gran convento. Así lo acordó el Capítulo Provincial
celebrado en Valladolid en Mayo de 1678, y ratificado en Septiembre del
mismo año por el Definitorio General.
El P. Luis de Jesús María fue encargado de realizarlo.
Tuvo que resolver dificultades con los Franciscanos que trataron de
impedirlo y alborotaron a los nobles y autoridades celosos de sus derechos
adquiridos. Una concordia sobre limosnas y predicación lo resolvió todo. El
mismo éxito obtuvo el P. Alonso de la Madre de Dios en la cuestión económica
para el sustento de los Frailes. Todo allanado y beatificado el Santico de
Fr. Juan se le pudo dedicar el nuevo convento como primicias de la Orden en
los mismos lugares donde se encontró como cofundador y sin los problemas que
en vida tuvieron que padecer. Providencia clarísima para que los dos
fundadores de la Reforma fueran perpetuamente glorificados y recordados por
la infinidad de peregrinos que acuden a meditar sus vidas.
La Orden se volcó en ayudas de toda clase para la
edificación equipaje de la primera casa dedicada a su Santo Padre. El P.
Alonso de la Madre de Dios pudo poner en práctica su gran devoción al Santo
al ser después General de la Orden.
Allí se retiró a pasar sus últimos años y allí le
enterraron en la Iglesia. El edificio se fabricó con tal solidez que los
muros podrán durar muchos siglos. Dicen las crónicas que esta fundación pesó
tanto al demonio que al día siguiente de la inauguración solemnísima con
grandes regocijos en la Villa, levantó tan terrible tormenta, que varias
chispas cayeron en el convento recorriendo el edilicio sobre todo el coro
con gran peligro para los religiosos que rezan el oficio divino.
Fue su primer Superior el P. Alonso, y se dedicó con toda
su alma, lo mismo que la Comunidad a dar culto a su Santa Madre, sirviendo a
sus hermanas las monjas como el P. Juan de la Cruz lo hiciera en vida. Desde
entonces todas las efemérides teresianas y la vida ordinaria tuvieron la más
fina resonancia en esta placita tan teresiana como sanjuanista. La estatua
del Santo Padre, como titular flanqueada por dos grandes escudos del Duque
presidiendo el escudo de la Orden son el notario perpetuo de este complejo
de historia y culto a los que en vida sirvieron al Señor de las rentas y
renteros.
La Orden dio a los Duques el Patronato sin carga alguna,
por lo que contribuyeron siempre a su edificación y conservación. «En S.
Jerónimo, carne; en S. Francisco dan pan; en el Carmen dan dinero; ¿Quién
nos manda trabajar?» decían los pobres de la Villa. Todo fue bienestar
material y espiritualmente bajo el amparo de la Madre Teresa hasta la
exclaustración perseguidora de 1835.
Las Madres fueron respetadas, pero el convento de San
Juan de la Cruz quedó vacío y a disposición del ayuntamiento, que lo empleó
para escuelas públicas y cuartel de la Guardia Civil.
He tenido la suerte de hablar con los de entonces niños,
que asistieron a las clases, y nos recordaban que la iglesia era recreo de
las niñas y la huerta de los niños. El P. Benito carmelita ejemplar y
natural de Alba, hombre prudente y formador de colegiales de la Orden, me
recordaba otras muchas anécdotas en su venerable ancianidad.
En la restauración la Orden procuró adquirirlo lo antes
posible. Tuvo que pagar grandes cantidades para construir nuevas escuelas
para el pueblo y un paseo, que supliera a la plaza de Prim, como llamaban a
la huerta de la Comunidad.
El Sr. Obispo D. Narciso Izquierdo, como Prelado de la
Diócesis, puso toda su influencia en la restauración. Nos cuentan que
propiamente quedaban en muchos sitios sólo las paredes.
RESTAURACION
Expulsados los religiosos, todas las imágenes, ornamentos
y objetos de altar fueron depositados en el convento de las Madres hasta la
Restauración. La Comunidad continuó en la Villa al servicio de las monjas.
En 1876, habiendo fallecido el P. Santos del Carmelo, quedó solamente el P.
Manuel de Sta. Isabel (Meras) natural de Alba, tan achacoso que falleció al
año siguiente. Por entonces el noviciado de Marquina, restaurado
recientemente, pudo poner a disposición del P. Vicario Provincial de la
Orden muchos religiosos bien formados para repoblar nuevamente algunos
conventos. Burgos y Ávila recuperados, el Obispo de Salamanca D. Narciso
Martínez Izquierdo y la Priora de Alba M. Dolores de Jesús Nazareno al P.
Pedro José, Vicario Provincial, que enviase algunos religiosos a Alba para
dar culto a las Reliquias.
Al acercarse el Centenario de la muerte de la Santa se
fundó la Hermandad de Santa Teresa que aprueba el Obispo y sirve hasta
nuestros días de colaboradora para todas las solemnidades e iniciativas
teresianas. El Vicario Provincial mandó al P. Fermín de 5. Rafael y al P.
Timoteo de la Asunción. El 26 de Agosto de 1877 el P. Vicario y otros Padres
y Hermanos, acompañando a varios Obispos, entre otros Mons. Moreno Obispo
Carmelita, presiden una gran peregrinación.
Pasadas estas fiestas, estos Padres forman la nueva
Comunidad, que se instala en la hospedería de los Capellanes, y poco a poco
comenzaron la recuperación de todo el convento. El Dr. Camilo
Álvarez, Chantre de la Catedral de Salamanca, fue un gran ayudador para
resolver la entrega a la Orden de todo el edificio. El Hno. José Ignacio
dirigió la limpieza y reparación. En el mes de Agosto de 1879 el Sr. Obispo
autorizó al Chantre de la Catedral para la reconciliación de la Iglesia, que
el 31 del mismo mes se celebró con la presencia del P. Provincial y los
Padres Superiores de las casas de la Provincia ya recuperados.
La víspera llegó el Sr. Obispo con distintas
personalidades. El Ayuntamiento y numeroso público, los músicos de la
Catedral y los Párrocos de Alba solemnizaron el acto religioso.
Una vez restaurado, la Provincia lo empleó para suplir
las necesidades del momento; colegio de moral, teología, etc. Después de la
guerra del 36, aquí volvían los estudiantes llamados a filas procedentes del
frente de batalla o de los cuarteles. Durante varios años fue colegio de
Teología, haciendo la Profesión Solemne y ordenándose los nuevos
estudiantes. Al terminarse el nuevo colegio de Salamanca y pasar los
estudiantes a la capital, quedó disponible de nuevo. Varios años los
estudios de Humanidades de Medina se hicieron en esta casa, y otros años fue
Colegio Menor interno del Instituto de 2ª enseñanza de la villa. Para
ello se tiraron los tabiques de las antiguas celdas y se hicieron grandes
salones y la huerta se convirtió en campo de deportes. Todo era provisional,
y al fin ha vuelto a los fines primitivos para lo que se fundó: Capellanes
de las Madres y Centro Teresiano de Información para los peregrinos.
Los tejados completamente restaurados y los muros en muy
buen estado de conservación nos dan la seguridad de permanencia por muchos
años. La huerta, recientemente transformada queda como un buen sitio para
recreo y aparcamiento de coches con grandes paseos de cemento. Lo que ahora
se necesita es volver a convertir los salones en celdas acomodadas a los
tiempos presentes, que atraigan a los espirituales a gozar de la cercanía de
la Santa. La Villa modernizada completamente goza de playas, camping,
hoteles y paseos junto al río con grandes alamedas, que atraen a los
profanos para visitar a la Santa.
Últimamente se ha modernizado la iglesia y
parte del convento. Tienen calefacción moderna que se extienden al convento
y capilla de invierno. En un pequeño museo se han colocado las artísticas
imágenes y reliquias de los santos Fundadores. Un salón de venta para
objetos religiosos y sala de proyecciones completan el ambiente. Los Padres
de la Comunidad atienden a la Parroquia como coadjutores y se unen con
propaganda escrita a la Hermandad de Santa Teresa. También algunos dan
clases en colegios cercanos. Pero ante todo se atiende a los muchos
peregrinos de la Santa con la explicación de la historia de las Reliquias
teresianas. Las Cofradías se conservan numerosas y el confesionario atiende
a los pueblos vecinos, que diariamente vienen a los centros de enseñanza o
comercio de la Villa.
Texto: P. Raimundo Barrado O.C.D.
Es un obsequio de la Hermandad de Santa Teresa de Alba de
Tormes.
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