|
Comentarios
LA ROCA Y LA
ARENA
Domingo 9º del Tiempo Ordinario
1.6.2008
Edificar sobre roca y edificar sobre arena. Esas imágenes son tan
bellas, como veraces y elocuentes.
- Su
belleza brota de su carácter natural y primigenio. Son bellas las
cosas que, en su integridad y simplicidad, componen la armonía de la
creación.
- Su veracidad se funda en su desnudez primera,
en su simplicidad sin artificios, ajena todavía a los adornos y
accesorios de lo superfluo.
- Su
elocuencia apela a la experiencia común de la humanidad, con
independencia de razones individuales, de modas pasajeras y de
impuestas ideologías.
La roca nos sugiere fortaleza y resistencia. La
arena es la disgregación movediza e inestable.
Edificar sobre roca indica la sabiduría de
quien apuesta por la permanencia y la fidelidad. Edificar sobre
arena es señal de provisionalidad, de apresuramiento o de necedad.
LA ESCUCHA Y LA
PRÁCTICA
Edificar sobre
roca o sobre arena era una experiencia humana, común a las gentes de
cualquier religión. El piadoso israelita había ya recurrido a ella
muchas veces para expresar su confianza en Dios. “Ven aprisa a
liberarme, sé la roca de mi refugio, un baluarte donde me salve, tú
que eres mi roca y mi baluarte” (Sal 31, 3,4).
Estas imágenes
antiguas se convierten en parábola en el evangelio que se proclama
en este domingo noveno del tiempo ordinario (Mt 7, 21-27). Lo más
sorprendente es que Jesús se atribuye a sí mismo su fuerza y
simbolismo.
- “El
que escucha estas palabras mías y las pone en práctica se parece a
aquel hombre prudente que edificó su casa sobre roca”.
- “El
que escucha estas palabras mías y no las pone en práctica se parece
aquel hombre necio que edificó su casa sobre arena”.
Para Jesús el
criterio para distinguir la sabiduría y la necedad no es la
intuición personal ni la opinión pública. La prueba de la sabiduría
no es tan sólo la escucha de la palabra del Señor. El signo decisivo
es la práctica. No basta con oír el mensaje: es preciso cumplirlo.
LA VOLUNTAD DEL PADRE
Esta breve parábola de la roca y la arena se
encuentra precedida de una sentencia de Jesús de tipo sapiencial:
“No todo el que me dice ‘Señor, Señor’ entrará en el Reino de los
Cielos sino el que cumple la voluntad de mi Padre que está en el
cielo”. Esa es la clave del mensaje. En él se clarifica la
distinción entre los falsos y los verdaderos discípulos:
• Unos
dicen “Señor, Señor”. La oración es uno de los signos más
universales y evidentes de la religión. Pero solo a condición de que
la misma oración sea verdadera. La invocación de Dios puede ser
interesada y superficial. Por desgracia puede ser también mágica y
blasfema.
•
Otros cumplen la voluntad del Padre celestial. La oración muestra su
autenticidad cuando el orante se identifica con Dios y con su
voluntad. Cuando ajusta su vida personal y social a ese proyecto
divino. Jesús mismo afirma con frecuencia que ésa es su propia
misión. En él se nos hace más clara y evidente la voluntad de Dios.
-
Señor Jesús, Palabra de Dios hecha carne en nuestra historia humana,
enséñanos a aceptar con verdad y cumplir con generosa humildad la
voluntad de tu Padre y nuestro Padre. Amén.
José-Román Flecha Andrés
|