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EL APÓSTATA O LA ENCARNACIÓN DEL
HIJO PRÓDIGO
Los apóstatas han florecido en todas las
estaciones. Los apóstatas actuales tienen las características
propias de la cultura postmoderna. No pocos “hijos” actuales son
invitados a ser “pródigos” desde las carteleras universitarias, los
programas de los partidos políticos o las páginas de internet. No ha
faltado la oferta de un Ayuntamiento para tramitar la apostasía.
Ante esta situación debemos hacer algunas reflexiones.
1 – Noción del
término “apostasía”
El término latino apóstata significa “el
que abandona la fe cristiana”; este término procede del término
griego apostátes “el que abandona”. El Código de Derecho
Canónico, can. 751, dice: “Apostasía es el rechazo total de la fe
católica”. La mejor descripción del apóstata la hace Jesús en la
parábola del hijo pródigo, en Lc 15, 11-32.
El apóstata, en definitiva, es como el hijo que
reniega de su familia y abandona la casa.
2 - Las raíces de la
apostasía
No es extraño que hoy se rompa, con más
facilidad y en mayor número, la familia religiosa ya que se están
rompiendo a montones las familias naturales y artificiales. Por otra
parte la apostasía silenciosa que respiramos en el ambiente, incluso
en personas cercanas a la Iglesia, favorece la apostasía formal. A
esto se añade la ignorancia religiosa tan generalizada y la
debilidad en la vida de fe, que mantiene a muchos de nuestros
adultos en traje de primera comunión. Todos tenemos que hacer aquí
examen de conciencia y pedir perdón. Otra raíz que no debemos
olvidar es el ansia desmedida de libertad. Es esta una ilusión falsa
y peligrosa. Por último está el laicismo actual: el hijo pródigo
postmoderno tiene muchos animadores y consejeros. Parece que la
apostasía actual tiene más de movida social que de convicción
personal.
3 - La formalización
de la apostasía
El hijo pródigo postmoderno, al contrario del
hijo de la parábola, no suele dar la cara. Para su rompimiento con
la familia, lo normal es mandar su firma, por correo certificado, en
unos folios fotocopiados o sacados de internet. Ni un texto
original, ni una explicación propia. Por otra parte, parece que a
nadie le preocupa el drama familiar. La Agencia de Protección de
Datos vigila para que se cumpla la ley y se anote la apostasía en el
“libro de familia”. Pero, ¿esta inscripción al margen conseguirá de
verdad que el titular deje por ello de ser hijo de sus padres y
hermano de sus hermanos?
4 - Las
consecuencias de la apostasía
El Código de Derecho Canónico dice que el
apóstata incurre en la excomunión (can. 1364). El excomulgado
no puede celebrar los sacramentos o sacramentales (can. 1331). No
pueden tener exequias eclesiásticas, a no ser que antes de la muerte
hubieran dado alguna señal de arrepentimiento (can. 1184). No puede
ser padrino de bautismo (can. 874), ni de confirmación (can. 893).
Lo cierto es que el hijo pródigo comienza un peligroso camino de
soledad. Sin padres, sin hermanos, sin familia… ¿Quién le ayudará en
los momentos de la prueba? El hijo de la parábola se dio cuenta de
su equivocación al verse obligado a compartir la comida de los
cerdos. Y decidió volver a casa.
5 - El final de la
apostasía
El final de la parábola del hijo pródigo es una
de las páginas más entrañables del Evangelio: el hijo de arrepiente
y el padre le perdona generosamente. Sabemos de
apóstatas que se han reconciliado de nuevo con la Iglesia. La
historia se repite. Las campañas culturales o políticas, las modas
tienen fin. En cambio, Dios perdona siempre. La Iglesia acoge
siempre. El hombre sin Dios no es nadie. “Nos has hecho, Señor, para
ti, dijo San Agustín, y no descansará nuestro corazón hasta que
repose en ti”.
Florentino Gutiérrez. Sacerdote
Salamanca, 24 de mayo de 2008
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