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LOS MARTIRES, LA VERDADERA RIQUEZA DE LA IGLESIA

 

Hay quienes, de manera obsesiva y con intención crítica, dicen y repiten que la Iglesia es rica. ¿Qué podemos contestar? Que tienen razón: la Iglesia es muy rica; su tesoro más preciado son los mártires que florecen todos los siglos en los lugares más diversos.

Juan Pablo II que, en la Tertio Millennio Adveniente, n. 37,  escribió: “Al término del segundo milenio, la Iglesia ha vuelto de nuevo a  ser Iglesia de mártires. Las persecuciones de creyentes -sacerdotes,  religiosos y laicos- han supuesto una gran siembra de mártires en varias  partes del mundo. El testimonio ofrecido a Cristo hasta el derramamiento de  la sangre se ha hecho patrimonio común de católicos, ortodoxos, anglicanos  y protestantes, como revelaba ya Pablo VI en la homilía de la canonización  de los mártires ugandeses. Es un testimonio que no hay que olvidar”.

Veamos los datos concretos sobre los mártires actuales. Habla Marco Gnavi, secretario de la Comisión vaticana de Nuevos Mártires: “Hemos recogido información sobre más de 12.000 nuevos  mártires utilizando los canales de las Conferencias Episcopales y  congregaciones religiosas. Hemos reconstruido una geografía de los  testimonios y del sufrimiento (…) Los testimonios sobre 12.000 «nuevos mártires» nos llegaron de al  menos 80 países, en 15 lenguas diversas. Fueron recogidos, catalogados y  analizados (…) En la investigación predomina la experiencia europea que  corresponde por una parte al peso histórico de las persecuciones comunista  y nazi y, por la otra, a las capacidades estructurales de las Iglesias, que  en Europa están mejor preparadas para transmitir la memoria. Nos han  llegado también muchos testimonios de Asia: en China, el martirio ha tenido  lugar -si bien en circunstancias diferentes- desde el inicio de siglo  hasta nuestros días. Luego hay grandes capítulos relacionados con  persecuciones religiosas, como la de los armenios, los casos de Vietnam, de  Camboya y de Laos. También sobre África hemos recogido mucho material sobre  el inicio del siglo, en tiempos de la llegada de los misioneros. Pero  tenemos también los mártires de la descolonización africana y los  vinculados al genocidio sucesivo al 1989, cuando misioneros optaron por  vivir lógicas contrapuestas al etnocentrismo, muriendo predicando la  reconciliación”.

Juan Pablo II en la homilía de la Conmemoración de los testigos de la fe, dijo: “La preciosa herencia que estos valientes  testigos nos han legado es un patrimonio común de todas las Iglesias y de  todas las Comunidades eclesiales. Es una herencia que habla con una voz más  fuerte que la de los factores de división. El ecumenismo de los mártires y  de los testigos de la fe es el más convincente; indica el camino de la  unidad a los cristianos del siglo XXI. Es la herencia de la Cruz vivida a  la luz de la Pascua: herencia que enriquece y sostiene a los cristianos  mientras se dirigen al nuevo milenio. Si nos enorgullecemos de esta herencia no es por parcialidad y menos aún  por deseo de revancha hacia los perseguidores, sino para que quede de  manifiesto el extraordinario poder de Dios, que ha seguido actuando en todo  tiempo y lugar. Lo hacemos perdonando a ejemplo de tantos testigos muertos  mientras oraban por sus perseguidores”.

Concluyamos con una invitación de San Ambrosio: "Es preciso suplicar a los Mártires, cuyos cuerpos y reliquias son entre nosotros como unas sagradas prendas que nos prometen su asistencia. Sin duda, los que lavaron con su sangre las manchas de sus pecados, tienen gran poder para pedir el perdón de los nuestros. No nos avergoncemos, pues, de tomar por intercesores en nuestra flaqueza, a los que también conocieron la suya, aun en aquel mismo tiempo en que quedaron victoriosos".

 

Florentino Gutiérrez. Sacerdote

Salamanca, 7 de junio de 2008

 

 

 

 
 
 
 

 

 

 

 

   

 

 

 

 
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