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Textos sobre espiritualidad
EL SANTUARIO
COMO LUGAR DE CELEBRACIONES CULTUALES
“Directorio
sobre la piedad popular y la liturgia”, de la Congregación para el
Culto Divino y los Sacramentos
265. El santuario tiene una función cultual
de primer orden. Los fieles se acercan, sobre todo, para participar
en las celebraciones litúrgicas y en los ejercicios de piedad que
tiene lugar allí. Esta reconocida función cultual del santuario, no
debe oscurecer en el ánimo de los fieles la enseñanza evangélica de
que el lugar no es algo determinante para el auténtico culto al
Señor (cfr. Jn 4,20-24).
Valor ejemplar
266. Los responsables de los santuarios
deben procurar que la Liturgia que en ellos se realiza, resulte un
ejemplo por la calidad de las celebraciones: "Entre las funciones
reconocidas a los santuarios, también por el Código de derecho
canónico, está el desarrollo de la Liturgia. Esto no se debe
entender como un aumento del número de las celebraciones, sino como
una mejora de su calidad. Los rectores de los santuarios son
conscientes de su responsabilidad para alcanzar este objetivo.
Comprenden que los fieles, que llegan al santuario de los más
diversos lugares, deben regresar confortados en el espíritu y
edificados por las celebraciones que tienen lugar allí: por su
capacidad de comunicar el mensaje de salvación, por la noble
sencillez de las expresiones rituales, por el fiel cumplimiento de
las normas litúrgicas. Saben, también, que los efectos de una acción
litúrgica ejemplar no se agotan en la celebración realizada en el
santuario: los sacerdotes y los fieles peregrinos tienden a llevar a
sus lugares de origen las experiencias cultuales válidas que han
vivido en el santuario".
La celebración de la Penitencia
267. Para muchos fieles, la visita a un
santuario es una ocasión propicia, con frecuencia procurada, para
acercarse al sacramento de la Penitencia. Por lo tanto, es preciso
que se preste atención a los diversos elementos que contribuyen a la
celebración del sacramento:
- El lugar de la celebración: además
de los confesionarios tradicionales dispuestos en la iglesia, en los
santuarios muy frecuentados sería deseable que hubiera un lugar
reservado para la celebración de la Penitencia, que se pueda emplear
también para momentos de preparación comunitaria y celebraciones
penitenciales, y que, dentro del respeto a las normas canónicas y a
la reserva que exige la confesión, ofrezca al penitente la facilidad
para dialogar con el confesor.
- La preparación al sacramento: en no
pocos casos, los fieles necesitan ayuda para realizar los actos que
son parte del sacramento, sobre todo para orientar el corazón a
Dios, con una sincera conversión, "puesto que de ella depende la
verdadera penitencia". Se deben organizar encuentros de preparación,
tal como se propone en el Ordo Paenitentiae, en los que,
mediante la escucha y la meditación de la Palabra de Dios, se ayude
a los fieles a celebrar con fruto el sacramento; o al menos se deben
poner a disposición de los fieles subsidios adecuados, que les guíen
no sólo en la preparación de la confesión de los pecados, sino para
que alcancen un sincero arrepentimiento.
- La elección de la forma ritual, que
lleve a los fieles a descubrir la naturaleza eclesial de la
Penitencia; en este sentido, la celebración del Rito para la
reconciliación de varios penitentes con confesión y absolución
individual (forma segunda), debidamente organizada y preparada,
no debería ser algo excepcional, sino habitual, previsto sobre todo
en algunos momentos del Año litúrgico. Realmente "la celebración
comunitaria manifiesta más claramente la naturaleza eclesial de la
penitencia". La reconciliación sin confesión individual íntegra y
con absolución general es una forma totalmente excepcional y
extraordinaria, que no se puede alternar con las otras dos formas
ordinarias y no se justifica por la sola razón de una gran afluencia
de fieles, como sucede en las fiestas y peregrinaciones.
La celebración de la Eucaristía
268. "La celebración de la Eucaristía es la
culminación y como el cauce de toda la acción pastoral de los
santuarios"; es preciso, por tanto, prestarle la máxima atención,
para que resulte ejemplar en su desarrollo ritual y conduzca a los
fieles a un encuentro profundo con Cristo.
A menudo sucede que varios grupos quieren
celebrar la Eucaristía al mismo tiempo, pero por separado. Esto no
es coherente con la dimensión eclesial del misterio eucarístico,
desde el momento en que esa manera de celebrar la Eucaristía, en
lugar de ser un momento de unidad y de fraternidad, se convertiría
en expresión de un particularismo que no refleja el sentido de
comunión y de universalidad de la Iglesia.
Una sencilla reflexión sobre la naturaleza
de la Eucaristía, "sacramento de piedad, signo de unidad, vínculo de
caridad", debería convencer a los sacerdotes que guían las
peregrinaciones a favorecer la reunión de varios grupos en una misma
concelebración, debidamente organizada y que tuviera en cuenta – si
fuera necesario – la diversidad de las lenguas; en ocasión de
reuniones de fieles de distintas naciones es conveniente que se
interpreten cantos en lengua latina y con las melodías más fáciles,
al menos en las partes del Ordinario de la Misa, especialmente el
símbolo de la fe y la oración del Señor. Tal celebración ofrecería
una imagen genuina de la naturaleza de la Iglesia y de la
Eucaristía, y constituiría para los peregrinos una ocasión de
acogida recíproca y de enriquecimiento mutuo.
La celebración de la Unción de los
enfermos
269. El Ordo unctionis infirmorum
eorumque pastoralis curae prevé la celebración comunitaria del
sacramento de la Unción en los santuarios, sobre todo con ocasión de
peregrinaciones de enfermos. Esto está en perfecta armonía con la
naturaleza del sacramento y con la función del santuario: es justo
que donde se implora la misericordia del Señor de una manera más
intensa, la acción maternal de la Iglesia se haga más solícita a
favor de sus hijos que, por enfermedad o vejez, comienzan a
encontrarse en peligro.
El rito se realizará según las indicaciones
del Ordo, por lo que "si hay varios sacerdotes, cada uno impone las
manos y administra la unción con la fórmula correspondiente a cada
uno de los enfermos de un grupo; en cambio las oraciones las recita
el celebrante principal".
La celebración de otros sacramentos
270. En los santuarios, además de la
Eucaristía, la Penitencia y la Unción comunitaria de los enfermos,
se celebran, también, con más o menos frecuencia, otros sacramentos.
Esto exige que los responsables del santuario, además del
cumplimiento de las disposiciones que haya emanado el Obispo
diocesano:
- procuren un entendimiento sincero y una
colaboración fructuosa entre el santuario y la comunidad parroquial;
- consideren con atención la naturaleza de
cada sacramento; por ejemplo: los sacramentos de la iniciación
cristiana, que requieren una larga preparación e insertan al
bautizado en la comunidad eclesial, deberían celebrarse, por norma
general, en la parroquia;
- asegúrense de que todas las celebraciones
de un sacramento hayan estado precedidas de una adecuada
preparación; los responsables de un santuario no deben celebrar el
sacramento del matrimonio si no consta el permiso concedido por el
Ordinario o por el párroco;
- valoren serenamente las situaciones,
múltiples e imprevisibles, para las que no es posible establecer a
priori normas rígidas.
La celebración de la Liturgia de las
Horas
271. La visita a un santuario, tiempo y
lugar favorable para la oración personal y comunitaria, constituye
una ocasión privilegiada para ayudar a los fieles a apreciar la
belleza de la Liturgia de las Horas y para asociarse a la alabanza
cotidiana que, en el curso de su peregrinación terrena, la Iglesia
eleva al Padre, por Cristo, en el Espíritu Santo.
Así pues, los rectores de los santuarios
deben introducir en las actividades preparadas para los peregrinos,
según la oportunidad, celebraciones dignas y festivas de la Liturgia
de las Horas, especialmente de Laudes y Vísperas, proponiendo
también la celebración, parcial o completa, de un Oficio votivo que
tenga relación con el santuario.
A lo largo de la peregrinación y conforme se
van acercando a la meta, los sacerdotes que acompañan a los fieles
no dejen de proponerles, al menos, la oración de alguna Hora del
Oficio Divino.
La celebración de los sacramentales
272. Desde la antigüedad, la Iglesia ha
tenido la costumbre de bendecir personas, lugares, alimentos,
objetos. En nuestros días, sin embargo, la práctica de la bendición,
motivada por usos antiguos y concepciones profundamente arraigadas
en algunos fieles, presenta algunos puntos delicados. Con todo,
continúa siendo una cuestión pastoral bastante presente en los
santuarios, donde los fieles, que acuden para implorar la gracia y
la ayuda del Señor, la intercesión de la Madre de la misericordia o
de los Santos, suelen pedir a los sacerdotes las más diversas
bendiciones. Para un desarrollo correcto de la pastoral de las
bendiciones, los rectores de los santuarios deberán:
- proceder con paciencia en la aplicación
gradual de los principios establecidos por el Rituale Romanum,
los cuales buscan fundamentalmente que la bendición sea una
expresión genuina de fe en Dios, dador de todo bien;
- subrayar de manera adecuada – en cuanto
sea posible – los dos momentos que configuran la "estructura típica"
de toda bendición: la proclamación de la Palabra de Dios, que da
sentido al signo sagrado, y la oración mediante la cual la Iglesia
alaba a Dios e implora sus beneficios, como recuerda el mismo signo
de la cruz que traza el ministro ordenado;
- preferir la celebración comunitaria a la
individual o privada y comprometer a los fieles para que participen
de manera plena y consciente.
273. Es deseable que los rectores de los
santuarios establezcan a lo largo del día, en los periodos de mayor
afluencia de peregrinos, momentos especiales para celebrar las
bendiciones; en ellos, mediante una acción ritual caracterizada por
la verdad y la dignidad, los fieles comprenderán el sentido genuino
de la bendición y el compromiso de observar los mandamientos de
Dios, que comporta la "petición de una bendición".
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