Alba de Tormes - Diócesis de Salamanca

 

 

Centro de cultura

 

Santa Teresa en el cine

 

 

 

 

 

1961 – “TERESA DE JESÚS” de Juan de Orduña

Titulo: Teresa de Jesus
Género: Religiosas
Dirección: Juan De Orduña
Reparto: Aurora Bautista, Eugenia Zuffoli, Roberto Camardiel, José Bodalo, José Moreno, Antonio Duran, Alfredo Mayo
Duración:    131 Min.
Nacionalidad:  USA
Sinopsis: Se relata la vida de "TERESA DE JESÚS", pasajes interesantes de su vida, su estancia en el convento de la Encarnación, y finalmente el momento de la fundación de las "CARMELITAS DESCALZAS DE SEVILLA".
   
   
   
   

1984 – “TERESA DE JESÚS” de Josefina Molina

Titulo: Teresa de Jesús (1984)
Género: Religiosa
Dirección: Josefina Molina
Guión: Carmen Martin Gaite
Reparto: Concha Velasco
Francisco Rabal
María Massip
Héctor Alterio
Duración:    222 minutos
Nacionalidad:  Española
Sinopsis: Con gran rigor histórico, asistimos a la vida de Teresa de Jesús. Monja carmelita, descendiente de judíos conversos, emprendió un movimiento de reforma y de liberación. En sus escritos nos dejó uno de los testimonios más apasionantes de aquél siglo XVI en que se estaban sentando las bases de la modernidad europea. La serie comienza con una Teresa de 23 años.
   
   
   
   

2003 – “TERESA, TERESA” de Rafael Gordon

Titulo: TERESA, TERESA
Género: Histórica
Dirección: Rafael Gordon
Guión: Rafael Gordon
Reparto: Isabel Ordaz (Teresa de Ávila), Assumpta Serna (Presentadora), Amparo Valle (Maquilladora), Ana José Bóveda (Azafata), Bárbara Elorrieta (Adolescente).
Duración:    97 min.
Nacionalidad:   Española
Sinopsis: Cinco siglos separan y acercan en un contraste acentuado de ideas y sentimientos, a dos mujeres, a dos conceptos existenciales diversos, pero en el fondo no opuestos. De una par-te, el mundo poético místico y desgarradora-mente humano de Santa Teresa de Jesús (Isabel Ordaz). Teresa es la razón y el pensamiento lúcido en un mundo atemporal. De otra parte, una presentadora "estrella de la televisión" que ejemplariza la modernidad y la adopción de la fisicalidad, como elemento esencial de la existencia. La presentadora (Assumpta Serna), de asumida sensualidad, invita a su programa de televisión a Teresa de Jesús, utilizando la realidad virtual para corporizar a la Santa. Es sólo el comienzo del encuentro y desencuentro de dos mujeres que dialo-gan sobre lo divino y lo humano desde la perspectiva de nuestros días. La dignidad interior de Teresa, verdadera científica del alma, contra la vehemencia física de la presentadora en debate abierto. Se establece una lucha apasionante entre materialismo y la dignidad de la persona.
   
   
   
   

2007 – “TERESA: EL CUERPO DE CRISTO” DE Ray Loriga

Titulo: TERESA: EL CUERPO DE CRISTO
Género: Drama
Dirección: Ray Loriga
Guión: Ray Loriga
Reparto: Paz Vega (Santa Teresa de Jesús), Leonor Watling (doña Guiomar de Ulloa), Geraldine Chaplin (priora del convento), José Luis Gómez (fray Pedro de Alcántara), Eusebio Poncela (Gaspar Daza), Álvaro de Luna (padre de Santa Teresa), Paula Errando (Juana), Ángel de Andrés (obispo de Toledo), Amparo Valle (Mari Briceño), Javier Mejía (Francisco de Borja)
Producción: Andrés Vicente Gómez
Duración:    97 min
Países:  España, Reino Unido y Francia
Música: Ángel Illarramendi
Año: 2007
Fotografía: José Luis Alcaine
Montaje: Pablo Blanco
Dirección artística: Rafael Palmero
Vestuario: Eiko Ishioka
Comentario:

UNA TERESA “DESTERESADA”

De Joaquín L. Ortega

(Publicado en “ECCLESIA” el 7 de abril de 2007)

Las Carmelitas Descalzas de Sevilla, allí llamadas «Las Teresas», conservan el retrato que fray Juan de ¡a Miseria hizo a Santa Teresa cuando andaba ella en la fundación de aquel convento. Cuentan las historias que la madre Teresa (que se había resistido a posar y que, al fin, lo hizo por obediencia al padre Jerónimo Gracián) emitió sobre el retrato un juicio entre severo y jocoso. «Que Dios os perdone, fray Juan, que me habéis pintado fea y legañosa», parece que fueron sus palabras.

Al salir de la película de Ray Loriga —Teresa, el cuerpo de Cristo— me pre­guntaba yo cuál podría ser la opinión de aquella gran mujer sobre este nuevo retrato que le han hecho a primeros del siglo XXI. La madre Teresa era tan espontánea como juiciosa. ¿Qué diría, hablando en verdad, de esta nueva película hecha ahora a costa de su genio y figura?

Ray Loriga no ha hecho una obra ni fácil ni insignificante. Cabe reconocerle unas cuantas cosas. Por ejemplo, el halo de novedad que ha querido dar a su trabajo, no pocos hallazgos plásticos en la ambientación de las escenas, el ritmo bien acompasado de la pelícu­la y esa elegancia estética de signo barroco. Incluso es de ponderar que haya cuidado el contexto cultural de los tiempos de Teresa: la peligrosa pasión por los libros piadosos, el ajetreo de los «alumbrados», las controversias doctrinales del momento y, al fondo, la hosca y omnipresente sombra de la lnquisición, aunque en este caso muy desorbitada.

Aun así tengo la impresión de que Ray Loriga en su película ha cogido el rábano por la hojas. Ha cuidado mu­cho las formalidades y los contextos pero no tanto la fidelidad histórica y la figura real de Teresa de Jesús, tan estudiada y tan conocida y, además, tan primorosamente narrada por ella mis­ma en su libro de Las fundaciones, una de las obras más apreciadas de la lengua castellana. Diríase que a Ray Loriga le ha interesado más una cierta es­tética que la certeza histórica. Hay demasiadas arbitrariedades y despropósitos en su trabajo. Diríase también que el autor ha optado por una interpretación harto patológica de una mujer en cuya vida campean la serenidad y la sensatez que rezuman sus versos «nada te turbe, nada te espante». El resultado de esas licencias que se ha tomado el director es que le ha salido una Teresa «desteresada» y difícilmente creíble.

Está claro que Teresa de Jesús per­tenece al patrimonio cultural y espiritual de la humanidad y que cualquiera tiene derecho a poner la mano en su obra y en su figura. Pero no es una cuestión de derechos sino de acierto y de resultados. Que la operación salga bien o mal es el tributo que los grandes tienen que pagar por su grandeza.

En este caso la obra resultante parece encuadrarse en esa corriente literaria, tan de moda, de escribir seudohistorias «sagradas» de escasa credibilidad histórica pero de alta morbosidad narrativa. De hecho, los ingredientes imprescindibles de esa receta están to­dos presentes en esta película ya desde el propio título y desde el mismo cartel anunciador: la sacralidad desnortada, la ambigüedad conceptual, la truculencia gratuita, el erotismo sacrílego y el feminismo trepidante. Todo el recetario está presente en esta aproximación a una parte de la vida de Teresa de Jesús ya que la película narra, a su manera, sólo los años que van desde el ingreso de Teresa en La Encarnación hasta su salida de allí convertida ya en fundadora y reformadora.

Así las cosas, ¿cuál sería el núcleo o la tesis de esta peregrina interpretación teresiana? Quizá podría sustanciarse así: esta es la historia de una brava mujer que supo romper el cerco que la rodeaba y fue capaz de salirse con la suya. Tesis que no carece de razón pero que priva a Teresa de su originalidad y hasta de su exclusividad intransferibles. Casi todos los hombres y las mujeres que se han salido con la suya —y son legión— lo han logrado a costa de esfuerzo y de tesón. Esa fue la historia lo mismo de Teresa de Jesús que de Miguel de Cervantes o de Santiago Ramón y Cajal. Esa es la plantilla de cualquier vida grande y difícil pero no la aventura humana y espiritual de Teresa de Jesús que, así, resulta un tanto «desteresada».

Si fuera posible preguntarle hoy a la madre Teresa qué le parece este su nuevo retrato, quizá no respondiera con el desparpajo con que lo hizo ante el cuadro de fray Juan de la Miseria. Pero no me extrañaría que, no recono­ciéndose en esta película, le preguntara a Ray Loriga: ¿a quién ha pintado Vuesa Merced en lugar de a mí?

Por supuesto que Ray Loriga no ha sacado a su Teresa ni fea ni legañosa. La lozanía rozagante de Paz Vega lo hacía imposible. Aun así tengo para mí que esta Teresa, un tanto sofisticada, no durará tanto en la memoria de los espectadores como la Teresa que fue Concha Velasco en aquella serie televisiva de hace ya tantos años.

 

   
   
   
   
   
   

 

 

 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

 

 

   

 

 

 
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