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TERESA DE
JESÚS
EPISTOLARIO
INTRODUCCIÓN
Los
escritos anteriores manifiestan a Santa Teresa en sus ideas y vivencias,
sobre todo en sus vivencias sobrenaturales y místicas, o en sus correrías
fundadoras. Su epistolario nos deja sorpremderla en su intimidad de todos
los días, en sus problemas materiales, en sus mil cuitas, con sus gestos
mohínos
Bpocas
vecesB,
alegres
Ben
más ocasionesB
o preocupados
Bcasi
siempreB.
Esta correspondencia, escrita al filo de las urgencias, está impregnada de
espontaneidad; de esa espontaneidad que en vano buscaremos en sus obras
mayores.
Lo
lamentable es que sólo se haya conservado una parte mínima de su
epistolario. Nuestra edición, que incorpora los últimos hallazgos, ofrece
451 ejemplares, más 24 fragmentos imposibles de fechar, convirtiéndose en la
más completa hasta el momento.
¿Qué
representa esta oferta de todo lo que hay en relación con la totalidad de
las cartas que tuvo que escribir? En el mejor de los casos, una reliquia
estupenda, pero demasiado reducida: un 4,6 por ciento de las 10.220 cartas
que redactaría (suponiendo una media de dos cartas diarias; que si nos
atenemos a la media más probable de cinco cartas por día, no gozaríamos más
que del 1,8 por ciento de las 25.550 cartas posiblemente escritas entre 1568
y 1582, años de su mayor actividad epistolar).
El
resto de aquella correspondencia martirizante, obsesiva, que la obligaba a
prolongar la jornada de trabajo hasta muy entrada la noche (aquella noche
mucho más larga en el siglo XVI que ahora), que le dejaba
*la
cabeza cual la mala ventura+,
se ha perdido, ojalá no irremediablemente. Los mandatos de la Madre para que
destruyesen sus cartas comprometedoras, la obediencia o desidia
BexplicableB
de los destinatarios, una prolongada historia posterior de dispersión
apresurada de autógrafos, los fallos del sistema postal de su tiempo, han
sido elementos conjurados para vedarnos el saboreo de estas piezas
exquisitas.
En el
orden material y formal, la Santa observa cuantos requisitos exigía la más
estricta etiqueta y delicadeza, sin concesión de ninguna clase, desde
encabezamiento hasta el sobrescrito, traicionando en aras de la caridad, de
la atención, su hondo menosprecio hacia detalles de la honra cordial para
aquellos españoles. Desde el punto de vista de los contenidos, entre tantos,
tantísimos problemas como se abordan, habría que destacar los que se
refieren a la andadura primera y arriesgada de su Reforma, la preocupación
por sus parientes, las relaciones afectivas o de negocios con Gracián y los
protagonistas masculinos y femeninos del Carmen descalzo, y el cuidado
material y corporal hacia sus destinatarios, hasta el punto de que muchos de
sus fragmentos simulan un recetario de medicina popular.
Esta
edición está basada en una relectura atenta de los autógrafos de la madre
Teresa y de sus amanuenses. Cuando éstos fallan, se ha recurrido a las
copias autorizadas, aquellas que carmelitas descalzos diligentes de los
siglos XVII y XVIII hicieron con cariño, con garantías de escribanos y que
supo aprovechar Vicente de la Fuente. Se han tenido en cuenta las
incorporaciones y la fijación (aún inconclusas) realizadas por Silverio de
Santa Teresa, Efrén-Steggink, Tomás Álvarez, y para buena parte del bloque
dirigido a Gracián el trabajo inestimable de Astigarraga.
Ofrecemos al lector las cartas según su orden cronológico, por lo que no
coincide con ninguna de las anteriores. No obstante, en la numeración
interna, hemos tratado de unificar el nuestro con el criterio de Efrén-Steggink;
con ello hacemos caso de la demanda generalizada para facilitar citas y
concordancias. Nuestra transcripción, rigurosa, ha evitado tecnicismos,
inútiles para nuestro empeño, y actualizado la grafía.
LUIS RODRÍGUEZ MARTÍNEZ
y
TEÓFANES EGIDO
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