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TERESA DE
JESÚS
CAMINO DE
PERFECCIÓN
INTRODUCCIÓN
El
Camino
de Perfección es un libro admirable. Aparentemente es un camino
espiritual para creyentes en solitario, y resulta ser un manual para
comunidades cristianas. El confesor, Domingo Báñez, le ordena que
escriba; las monjas, a
*importunar+
para que lo haga. Ellas, las monjas de San José, serán las primeras
destinatarias. Pero poco a poco la autora, sin darse cuenta, debido al
momento reformístico en que nace, hace de
Camino
no sólo un libro de espiritualidad para monjas de clausura, sino para todos
los grupos cristianos que quieren vivir evangélicamente. Y como el
movimiento de reforma
Bque
siempre ha sido un retorno a las fuentes evangélicasB
no ha cesado en la Iglesia, es hora de superar el secuestro que hicieron en
su servicio ciertos grupos. Ese reduccionismo empequeñece la intencionalidad
de la autora y la genialidad del libro. El
Camino
es, además, un libro de historia. Lo
*histórico+
es una dimensión perdida, al menos no suficientemente explorada en
profundidad, en el teresianismo.
Los dos
aspectos
Blo
histórico y lo comunitarioB
emergen hoy con más vigor porque la lectura que hacemos de los textos
teresianos tiene más en cuenta el tiempo y el espacio en que fueron
escritos. Historia y geografía se han convertido en principales claves de
lectura. Para un lector culto y atento desfilan por estas páginas filones
enteros de vida reformada, católica y luterana; el vidrioso problema de la
honra que bloquea la vida comunitaria, encubriendo uno de los sentimientos
de mayores implicaciones sociales y religiosas; la polémica sobre la mujer
orante y su injusta segregación del quehacer eclesial y reformístico, la
naturaleza de la oración vocal y mental, la llamada a la mística, de la que
nadie debe temer.
La
Santa escribió dos veces el
Camino.
Aunque las fechas de redacción son difíciles de precisar, la primera puede
situarse en torno al año 1566, y la segunda, en 1566-1567.
La
primera redacción de
Camino
está llena de encanto, de libertad por parte de la autora, que siempre creyó
que se trataba de un escrito confidencial, íntimo, dirigido sólo a las
primeras carmelitas de San José. Ella era la fundadora, y también la madre y
maestra. Detrás de una grafía descuidada, movida por la prisa de la autora,
por la familiaridad, se descubre un estilo fresco y primario, delicioso. El
autógrafo se conserva en la Biblioteca del Real Monasterio de El Escorial,
en un códice de 153 hojas de 21,5H
15,6 cm. No hizo distinción de capítulos, pero en una lectura posterior
indicó dónde deberían comenzar. Los títulos o epígrafes, originales de la
Santa, aunque escritos por mano ajena, están al final del códice, 73 en
total.
La
segunda redacción también se conserva autógrafa en las carmelitas de
Valladolid, en un precioso códice de 203 hojas de 21,2H
15,5 cm. La autora redujo las capítulos a 42; la caligrafía ha mejorado; ha
suprimido muchas expresiones irónicas, familiares, y ha tenido en cuenta,
para suprimirlos, algunos textos tachados por la censura. Da la impresión de
ser un códice preparado para presentarlo al gran público.
Tres
copias antiguas merecen especial atención, conservadas en los monasterios de
carmelitas descalzas de Madrid, Salamanca y Toledo. Esta última es estimable
no por el contenido textual, ya que el amanuense sacrificó muchas veces el
estilo teresiano a la claridad de las ideas, sino porque la Santa lo revisó
a fondo, corrigió en muchas ocasiones el texto del amanuense y aprovechó la
ocasión para dar los últimos retoques a las ideas, hacia el año 1579. Sobre
una copia de este texto se hizo la primera edición del
Camino
de Perfección, Évora (Portugal), el año 1583, por su buen amigo don
Teutonio de Braganza, a instancias de la misma madre Teresa. El Camino fue
la primera obra teresiana que vio la luz pública. Desde esa fecha hasta
nuestros días, cientos de ediciones en todas las lenguas cultas avalan el
valor interno de este breve escrito.
La
Santa no puso título al libro. Se conformó con uno genérico que expresaba
algo de su contenido:
*Avisos
y consejos+.
Posteriormente se refirió a él con el nombre de
*El
librillo+
y
*El
Paternóster+.
En el reverso de la primera hoja, sin enumerar, del códice de Valladolid, y
con grafía de dudosa autenticidad teresiana con correcciones posteriores,
aparece ya el título con el que se hará famoso:
Camino
de Perfección, que equivale a los también usados por la Santa:
*Camino
de oración+
y
*Camino
de contemplación+.
Aunque
comenzó a escribir con mucha repugnancia
Bsi
tenemos en cuenta sus confesiones inicialesB
y sin ningún esquema, al parecer, la lógica del discurso no se resiente,
pero sufre varias interrupciones y digresiones. Le parece
*cosa
desconcertada+
comenzar a escribir; no sabe lo que va a decir. No se fía de su ciencia,
pero sí de su experiencia y de la inspiración divina:
*Y
lo que más el Señor me diere a entender, como fuere entendiendo y
acordándoseme,
que
como no sé lo que será, no puedo decirlo con acierto+
(CE, prólogo, 2).
La
estructura del libro es sencilla en sus líneas generales, básicamente
idéntica en ambas redacciones: finalidad de la Reforma teresiana (1-3);
presupuestos de una ética comunitaria para construir una comunidad orante
(4-15); amor fraterno, desasimiento y humildad; formas de la oración activa
y contemplativa y su repercusión en la vida comunitaria (16-18); grados y
matices de la oración: vocal, mental, recogimiento, quietud y principios de
unión (19-32). Desde el capítulo 27 hasta el final, glosa, a su manera, el
paternóster, que le sirve de soporte para demostrar la grandeza de la
oración vocal y su equivalencia a la mental en una época en que estaba casi
prohibida o mal vista. Al mismo tiempo es el hilo conductor para exponer
ideas muy queridas: devoción al Santísimo Sacramento (33-35), superación del
sentimiento de la honra y aceptación de las posibles injurias (36), dignidad
de la oración del Padrenuestro (37), las tentaciones en que puede caer el
hombre: no reconocer los dones de Dios, desconfiar de Dios por la multitud
de los pecados, las penitencias irracionales (38-39), el amor-temor de Dios,
reflejo del binomio ley-libertad (40-41) y la liberación del
*mal+,
que es el apego a la vida y sus bienes temporales (42)
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